Adolescentes y Smartphones ¿buena combinación?




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Hoy abordamos un tema que es cada vez más de actualidad en nuestra sociedad y que sobre todo, será de especial interés para todos aquellos que tengáis hijos adolescentes. ¿Hasta que punto es bueno el acceso de nuestros hijos a la telefonía? ¿Es correcto que cuenten con terminales de última ganaración a tan corta edad? Intentemos responder a estas preguntas.

La adolescencia (de 10-11 años a 20-22), proviene del término en latín “adolescere” que significa “crecer” o “desarrollar hacia la madurez”. Cada vez vemos en nuestros hijos, amigos, familiares pequeños que empieza antes y acaba más tarde. Muchas veces pensamos: “a su edad yo estaba jugando con muñecas y/o coches y no haciendo cola en una discoteca con minifaldas, taconazos, maquillados o peinados de punta con la ropa de última moda”. ¿Qué es lo que pasa? La respuesta sencilla. Quieren hacerse mayores antes de tiempo, acortando la infancia y la juventud aunque, sí que es cierto, que este inicio y fin está determinado por la cultura y familia en la que esté integrado el niño.

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Cuando nuestros pequeños casi-adolescentes ya empiezan a “independizarse” de sus padres, es decir, cuando salen con los amigos, sí es bueno que lleven un teléfono móvil para que sea más fácil localizarlos o que nos llamen si es necesario, puesto que las quedadas que hacen ya no se limitan al parque de enfrente de casa con un balón de fútbol o la comba, donde nuestras madres, en tiempos atrás, con un grito ya nos tenían en casa, si no un poco más lejos, por ejemplo, en centros comerciales o en casas de amigos. Pero… ¿es necesario que tengan un smartphone de última generación? ¿El último dispositivo anunciado por las empresas de este sector, siempre en fechas claves? La respuesta es que para los primeros años de su adolescencia no necesitan un móvil tan complejo, a pesar de que a esas edades, en el momento actual (siglo XXI), necesitan ser aceptados dentro de un determinado grupo, sentirse el mejor y presumir de todos los dispositivos que disponen a su alcance para ser envidiados por el resto de iguales: último móvil, reproductor de música, cámara digital, videoconsola portátil, jugar en red, internet en cualquier lugar, ser usuario de más redes sociales… y si todo eso está junto en un mismo aparato, eres lo más. Su felicidad depende de las características de su móvil, qué tiene y qué no diferente al del resto de sus colegas. A través de esto, también podemos observar la gran influencia que ejercen las series, publicidad, ídolos…

El tener smartphone con X características hace que se lo lleven a sus lugares de estudio, entrenamiento de algún deporte y que les distraigan, que los usen de forma no lícita entre compañeros y profesores, produciéndose acoso, chantajes o simplemente ser el blanco de todas las risas y comentarios a través o no de la red. Para que esto no ocurra es necesario que los padres tengan un control sobre el dispositivo y que limite el acceso a ciertas aplicaciones o con unas normas previamente establecidas de cuándo, dónde y para qué usarlo, advirtiendo de las consecuencias en caso de saltárselas. Esas distracciones pueden hacer que baje el rendimiento de nuestros hijos, reflejándose en el día a día. Imaginaros en una clase de matemáticas donde se está explicando cómo aplicar diferentes fórmulas matemáticas en los problemas y que los alumnos estén entretenidos twitteando que Fulanito “se ha puesto los calcetines rosas de su hermana”. ¿Creéis que podrán hacer los ejercicios que la profesora mande para casa sin una ayuda extra? Como extra nos referimos al papá, hermano o clases particulares.

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También es cierto, que estos dispositivos, como otros similares, están haciendo que cambie la forma de comunicación. Recuerdo cuando se empezó a utilizar los programas de chat con tu cuenta de correo para poder comunicarte con amigos que conoces en las vacaciones y no ves a menudo, dejando de lado esperadas cartas; sólo disponíamos de un corto periodo para poder contarnos todo, pues el teléfono fijo se quedaba sin línea. Después, se empezaron a acortar las palabras con los SMS, creando un nuevo diccionario, que se transmitían al colegio donde eran calificadas, y a día de hoy también, de faltas de ortografía en los exámenes, trabajos y tareas. En esos tiempos, no hace más de una década, no se pedían números de teléfono, si no tu e-mail. Ahora, si no tienes Tuenti, Facebook, Twitter y Whatsapp (y remarco la “y”) entre otras miles de redes sociales, no eres cool. De hecho, a mí me llegó a pasar, y ya me alejo unos años de la adolescencia, de no enterarme de los planes con mis amigos, por ejemplo, ¡por no tener internet en el móvil!

Siguiendo con la forma de comunicarse en la actualidad, podemos observar por la calle, que los adolescentes van en grupitos de X personas y no hay ninguno que hable mirando al resto ni tampoco que levante la cabeza del móvil. Lo único que se les ve son los cascos y mover los dedos “tecleando” como locos y compartiendo entre ellos frase, vídeos o imágenes que han recibido en el momento. Entonces reflexionemos, ¿están perdiendo la forma de relacionarse entre los iguales? (Y ya no hablemos con personas más mayores). Saber cómo tu amigo da la entonación a una determinada frase que has leído, el poderte equivocar con lo que digas y no disponer del botón “borrar” para corregirlo, son partes de una conversación que se han perdido entre los futuros adultos pero que todavía podemos corregir.

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En nuestra sociedad, el robo del móvil está a la orden del día.  Te volvemos a plantear otra pregunta: ¿cuántos móviles te han quitado sin darte cuenta o te han robado a la fuerza otros chavales, más o menos de tu edad, cuando eras adolescente? Y eso que los móviles de nuestra época no eran “gran cosa” comparados con los verdaderos “mini ordenadores” que llevan ahora. Ya no sé cuántos móviles he tenido qe ir a denunciar con mi hermano pequeño. Con el dineral que cuestan, o los contratos que hay que hacer para conseguirlos en estos momentos, ¿crees que es adecuado para los no tan pequeños?

Como recomendación desde Smartphonezine os decimos que tengáis claro qué finalidad tiene el móvil para vuestros hijos, os replanteéis los temas que hemos tocado, reflexionéis, que procuréis no usarlo de forma que sea una recompensa por buenas notas o buenos comportamientos, o un simple recurso para que “se callen la boca” y podamos estar tranquilos el tiempo que no estamos en nuestro puesto de trabajo. Si os decidís por adquirir un modelo de media o alta gama, os recomendamos que vigiléis el uso que hacen de ello. Esta es nuestra opinición, pero ahora ¿qué pensáis? Adolescentes y smartphones, ¿buena combinación?

 




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